La leyenda de la llorona

La leyenda de la llorona

Esta leyenda me la contaron hace ya varios años, cuando vivía en el interior del país. Se trata de una historia muy triste, pero verdadera.

Jacinta era una muchacha huérfana, quien había vivido en el orfanato del pueblo hasta que cumplió la mayoría de edad. Afortunadamente en ese sitio recibió la instrucción suficiente como para saber leer y escribir.

Eso le permitió encontrar un trabajo como asistente en una botica. Allí conoció a la persona que a la postre se convertiría en el amor de su vida, pero también en su mayor desgracia. Me refiero a Salomón, un bravucón que tenía fama de borracho y mujeriego.

Luego de dos años de una difícil relación, contrajeron matrimonio en la parroquia de San Carlos de los Mezquites. Ella no lo sabía, pero desde ese momento comenzaría su calvario. Salomón llegaba todas las noches a su casa ahogado en alcohol. Lo malo es que externaba sus frustraciones de la peor manera posible, es decir, golpeando a su mujer hasta cansarse.

Aun así, Jacinta nunca levantó un acta por maltrato, pues estaba perdidamente enamorada de su marido. Poco después, llegó su primera hija, a quien bautizaron con el nombre de Yanina.

Durante un tiempo los maltratos disminuyeron. Sin embargo, en el instante en el que Jacinta volvió a quedar embarazada, los golpes regresaron, sólo que ahora de forma más violenta y recurrente. De ese segundo embarazo, nació Salomón (lógicamente nombrado así por su padre).

Desesperada por cambiar esa situación, un domingo tomó a sus hijos y huyó a casa de una amiga. Jacinta se dio cuenta de que si quería sacar adelante a sus niños, lo primero que debía hacer era conseguir un mejor empleo.

Se inscribió en un curso de enfermería y lo concluyó con honores. Aunque le costó trabajo ingresar al hospital local como pasante, pudo hacerlo gracias a su férrea perseverancia. En dicho sanatorio el amor volvió a tocar a las puertas de su corazón, esta vez quedó flechada del doctor Manríquez, un médico residente que laboraba durante el turno nocturno.

Luego de unos meses de estar saliendo con él, Jacinta le propuso irse a vivir a su casa (desde luego llevando a sus dos hijos) a lo que Manríquez no tuvo ninguna objeción, pues ya se había encariñado con los pequeños.

Así transcurrieron varios años, hasta que el médico fue asesinado una madrugada de jueves, mientras iba camino a su casa.

El caso es que para esa altura, Jacinta ya era madre de tres pequeños (Yanina, Salomón y Pedro), siendo el más pequeño de estos producto del amor entre ella y el galeno Manríquez.

De nuevo el infortunio se apoderaba de la vida de la enfermera y de quienes la rodeaban. Ahora estaba sola y tenía la responsabilidad de sacar a sus hijos adelante. Solicitó trabajar doble turno en el hospital, con el fin de ganar un poco más de dinero.

Sin embargo, con ello surgía intrínsecamente un nuevo problema ¿quién cuidaría de los infantes? Buscó llegar a un arreglo con la dueña de la guardería, mas como no contaba con los recursos económicos suficientes, su propuesta fue rechazada.

Por ese motivo, no le quedó más remedio que dejar a la pequeña Yanina a cargo de sus dos hermanos. Asimismo, aplicó varias medidas de seguridad en su hogar, para evitar que se sucediera algún percance en su ausencia. Por ejemplo, cerró la llave del gas en la estufa, puso protectores en los apagadores de corriente eléctrica etc.

El día de la tragedia, el cielo permanecía cubierto por nubes negras y las gotas de lluvia no dejaban de caer. Antes de salir de casa, Jacinta abrazó a sus hijos y se marchó a su trabajo.

Aproximadamente al mediodía, Yanina preparó la tina para bañar a Pedro, no sin antes decirle a Salomón:

- Voy estar en el baño. Cualquier cosa que quieras, grítame.

- Si, voy a jugar con mi pelota.

- Ándale pues, sólo ten cuidado. No quiero que rompas nada.

Apenas la niña se había metido al cuarto de baño, cuando se escuchó un grito proveniente de la sala:

- ¡Mi pelota se salió por la ventana!

- Ahora te la traigo. Espérame tantito exclamó Yanina.

Instantes después, se oyó un fuerte empellón en la puerta de la casa.

Yanina enfadada, dejó a Pedro recargado en una de las paredes de la tina y corrió buscando a su otro hermano, ya que estaba segura de que había salido. Antes de que ella pudiera abandonar su domicilio, se escuchó como un camión atropellaba a Salomón.

Yanina desconsolada fue hacia donde se encontraban los restos de su hermano. Estuvo sosteniendo su cabeza por varios minutos hasta que recordó que había dejado a Pedro en la bañera.

Desenfrenadamente volvió a su casa, únicamente para encontrar que también el pequeño Pedrito había fallecido ahogado en la tina.

- ¿Qué le voy a decir a mi mamá cuando venga? Pensaba repetidamente.

Al no tener ninguna respuesta clara, Yanina optó por tomar un mecate de la cocina y colgarse.

El reloj marcaba la 1:30 de la tarde, cuando el teléfono del hospital sonó:

- Buenas tardes señorita, hablo para reportar un accidente en la calle de…

Quien llamaba, no supo que la persona que le estaba atendiendo, vivía exactamente en ese domicilio.

Por la descripción, Jacinta se imaginó que la víctima fatal era uno de sus hijos. Salió corriendo del sanatorio y observó cómo una muchedumbre se agolpaba afuera de su casa. La gente decía cosas como:

- Pobre mujer, perder a sus tres hijos en el mismo día. Que terrible.

Jacinta se le acercó a una señora y le preguntó:

- ¿De quién habla señora?

- De la señora que vive en esa casa. A uno de sus hijos, lo atropelló un camión. El otro se murió ahogado y la más grandecita se colgó en la cocina.

Jacinta sintió un viento helado que le recorrió todo el cuerpo. Sin pensarlo fue hasta donde estaban los paramédicos, quienes ya habían puesto a los difuntos en unas camillas.

- ¡Tengo que verlos! Gritó.

La mujer se quedó petrificada, al confirmar sus sospechas. Quienes estaban allí eran sus hijos. Enseguida lanzó un gemido horrible, como si le arrancaran el corazón: “Ay mis hijos”, “Ay mis hijos”.

Su piel hacía juego con el tono de su uniforme de enfermera, ya que ambos eran totalmente blancos. Después de esa fecha, ninguna persona volvió a ver a Jacinta. No obstante, sus gritos y lamentos se escuchan todas las noches.

De esta manera concluye la leyenda de la llorona.

La tragedia de Leofrida


La vida de Leofrida había sido un cuento de hadas hasta que se enteró que su marido la engañaba con una de sus hermanas. El odio y el rencor envenenaron su alma, tanto así que corrió a su hija de la casa, sólo porque se llamaba Nieves (igual que su tía).

Transcurrieron 15 años, sin que Leofrida volviera a saber nada de su familia. Sin embargo, su hija ahora convertida en una profesionista, decidió visitarla de sorpresa el día de su cumpleaños.

Fue un domingo cuando la joven se paró frente a la puerta del domicilio de su madre, marcado con el número 54 y tocó el timbre.

- Mamá, mamá ábreme soy Nieves.

Al escuchar ese nombre a Leofrida le regresaron todos los recuerdos del pasado.

- ¡Lárgate de aquí! No quiero verte.

- Por favor, ábreme, hace años comprendí por todo lo que tuviste que pasar, mas no había tenido la oportunidad de venir a ofrecerte mi apoyo. Te quiero, aunque no nos hayamos visto en todo este tiempo.

Leofrida abrió la puerta y le pareció que quien estaba frente a ella no era otra más que su hermana.

- Tú qué haces aquí Nieves, es el colmo de la desvergüenza. ¿Qué acaso Leonardo ya te dejó por otra? ya sabes, tal como lo hizo conmigo.

La mujer no le dio tiempo a la chica de que articulará ni una sola palabra. Comenzó a golpearla contra la pared de la entrada. Pronto la joven quedó semiinconsciente tirada en el piso. Ese momento fue aprovechado por Leofrida, quien fue velozmente hasta la máquina de coser y trajo unas tijeras.

Sin contemplaciones empezó a apuñalar el cuerpo de Nieves hasta que la sangre brotó incontrolablemente.

Con su último aliento, la muchacha alcanzó a exhalar:

- Mamá, mamá para. Soy Nieves, tu hija.

Esto hizo que Leofrida recobrara la conciencia (al menos momentáneamente) y dejara de atacar a su descendiente.

- Hijita, pero si eres tú. ¿Qué he hecho? No te mueras.

Sus súplicas llegaron muy tarde, Nieves murió ahogada por su propia sangre. Los vecinos que habían escuchado el alboroto, llamaron a la policía y Leofrida fue acusada de asesinato en primer grado. Actualmente purga su condena en un hospital psiquiátrico. Acá puedes ver cuentos de terror más escalofriantes.

Leyenda corta de la llorona

Leyenda corta de la llorona

Cerca de la Cañada de Hernández se dice que el 19 de cada mes aparece “la Llorona”, pero no aquella que se menciona en las crónicas precolombinas, sino una mujer a la que le fueron arrebatados sus dos hijos.

Cuenta la leyenda que doña Gloria Álvarez, esposa del presidente municipal, ya había recibido en varias ocasiones amenazas diciendo que pronto secuestrarían a sus vástagos, debido a los negocios sucios en los que estaba involucrado su marido.

Ella ignoró dichas amenazas, debido a que supuestamente tenía el respaldo del cuerpo de policía. Sin embargo, un lunes por la mañana mientras iba caminando con sus hijos del brazo rumbo al colegio, un automóvil le obstruyó el paso.

Del vehículo descendieron cuatro hombres fuertemente armados, quienes la encañonaron y se llevaron a sus dos pequeños. Doña Gloria impotente corrió hasta el palacio municipal en donde se encontraba su esposo. Ambos buscaron desesperadamente a sus hijos por más de un año.

Desgraciadamente, los cuerpos sin vida de los pequeños, fueron encontrados en la Cañada de Hernández un 19 de enero. Este acontecimiento marcó a la comunidad, no sólo por lo horrendo del crimen, sino porque después del funesto suceso se desataron una serie de desgracias.

Lo primero que ocurrió fue que el presidente municipal se suicidó aventándose de la azotea de su casa. Por su parte, doña Gloria perdió completamente la razón. Hay quienes dicen que la vieron salir de su casa vestida de negro, con un velo que le cubría el rostro.

Del mismo modo, la gente que la pudo mirar a los ojos, menciona que tenía la mirada perdida y de su boca sólo salía una frase: “Ay mis hijos”. Por esa razón, la muchedumbre le asignó el nombre de “la Llorona”.

Actualmente ya han pasado 30 años y en el panteón de esa localidad, yace una tumba con la inscripción: “Aquí descansan los restos de Gloria Álvarez”. No obstante, los tenebrosos lamentos se siguen escuchando en la Cañada de Hernández, una vez al mes.

El esgrimista

Cuentos de terror El esgrimista

ELa esgrima, es una disciplina que muy poca gente practica hoy en día, ya que además de ser un deporte caro, los duelos con espada ya no llaman tanto la atención, de hecho no hay muchas leyendas de esta disciplina.

Teodosio era un fiel seguidor de las historias de los caballeros medievales y en cuanto tuvo la oportunidad, comenzó a tomar clases para manejar el florete a la perfección. Era conocido por su maestro, debido a su puntualidad extrema. Es más, siempre llegaba media hora antes para empezar a “calentar los músculos”.

Con el fin de evitar que el muchacho esperara afuera del local, luego de un tiempo el maestro le dio un juego de llaves para que pudiera entrenar adentro mientras él llegaba.

Un jueves que justamente se le hizo tarde al profesor, notó como su pupilo estaba frente a la pared de espejos, gritando improperios y casi sin poder respirar.

- ¡Teodosio! No te he dicho que no hagas tanto escándalo cuando entrenas. El profesor de baile del piso de arriba, ya se ha quejado varias veces sobre el ruido que haces.

- Lo siento profesor, pero es que esta vez casi consigo matarlo.

- ¿A quién?

- Al otro esgrimista que combate conmigo a veces.

- Ah, sí, claro.

El maestro sabía gracias a los padres de Teodosio que éste sufría de esquizofrenia, motivo por el cual a veces decía que algunas personas extrañas lo atacaban. Más como no se ganaba nada al contradecirlo, prefirió seguirle el juego.

Desgraciadamente, a la semana siguiente el desenlace que se desencadenaría, hizo que la escuela cerrara para siempre sus puertas. La policía encontró el cuerpo sin vida de Teodosio, con una espada clavada a la altura del corazón.

El profesor declaró que jamás había visto ese instrumento. Sin embargo, fue detenido hasta que concluyeran las investigaciones. Lo raro de este asunto fue que en las cintas de seguridad, se pudo ver como Teodosio mantenía un duelo con un ser invisible.

Me atrevo a decir que dicho ente tenía la peculiaridad de invisibilidad, ya que la espada asesina era lo único que se veía, hasta que consiguió dar en ese objetivo.

La playa vedada

Leyendas cortas La playa vedada

Régulo gustaba de emprender sus viajes sin mucho equipaje. De hecho, para sus excursiones su única compañera era una pequeña mochila en la que cargaba algo de ropa, un par de latas y algo de dinero.

No le preocupaba quedarse sin plata, pues poseía un encanto innato que le permitía conseguir trabajo rápidamente. Una tarde en lo que planeaba la ruta para su próximo destino, observó que en el horizonte se hallaba una majestuosa playa.

La brisa del mar y el sol radiante promovieron en él el deseo de zambullirse en tan cristalinas aguas. Desgraciadamente cuando llegó a la orilla del mar se encontró con un gran letrero que decía. “Prohibido meterse al agua, playa vedada”.

- ¿Cómo? ¿Vedada? Si ahorita no es tiempo de eso. Murmuró en voz baja.

Régulo se acercó a uno de los vendedores que allí trabajaban y le cuestionó:

- ¿Por qué hacen esto? Únicamente quiero echarme un chapuzón y ahora no voy a poder.

- Déjeme contarle una leyenda joven. Resulta que en esta playa desde antes de la llegada de los españoles, se tenían noticias de que aquí es tierra de sirenas. Y que si se les molesta en esta temporada el año, es probable que la pesca sea funesta hasta que haya un sacrificio humano.

- Las sirenas que yo conozco, son bellas y aman a los humanos. Así que no me venga con sus historias de terror. Respondió régulo.

- No es una simple historia. Hay quienes han desafiado la ira de Nereida, la diosa de las sirenas y no han conseguido salir con vida del mar.

- ¡Yo seré el primero entonces! Dijo régulo mientras se quitaba los zapatos.

De un brinco se zambulló en el agua y dijo en voz alta:

- Nereida, no hay nada que puedas hacer para evitar que yo me divierta aquí esta tarde.

De repente, un sonido melodioso provino de las profundidades e hizo que el chico cayera en un trance. En un parpadeo, su cuerpo desapareció.

Al día siguiente, los pescadores sólo encontraron restos de ropa ensangrentada.

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